Ruta del río Tea y del Río Aboal (Mondariz) PONTEVEDRA

Voy a barrer un poco para la tierra. Esta nueva ruta que traigo se sale un poco de las convencionales escapadas que propongo aunque, no por ello, es menos interesante, más bien todo lo contrario. Quiero con ella, además de seguir poniendo en valor el medio natural y el turismo responsable, ecológico y de naturaleza, despertar el espíritu crítico a la hora de aceptar sin rechistar cualquier proyecto solo porque lleve las etiquetas de recuperación, natural o ecológico, a veces las buenas intenciones o las actuaciones que en un principio pueden considerarse positivas tienen consecuencias catastróficas si no se hacen desde el consenso o desde el sentido común, a las administraciones públicas, al dinero de todos, hay que ponerlos siempre bajo vigilancia y estar muy atentos a cómo se hacen las obras que son, en principio, para el disfrute de todos. Esta amplia introducción viene a cuento de las dos rutas de las que voy a hablar que se encuentran en mi pueblo, Mondariz, en la provincia de Pontevedra. En Galicia.

España contaba con una amplísima cantidad de caminos que conectaban municipios, muchos de esos caminos han ido progresivamente siendo abandonados por existir nuevas formas de comunicación y por el cambio en los modos de vida, el abandono del campo o su reestructuración. En regiones eminentemente rurales como la gallega, con su estructura de minifundios, esos caminos han perdurado más que en otras regiones pero, dado el éxodo imparable que se produce desde hace décadas, han ido igualmente siendo abandonados. Existen multitud de proyectos de recuperación y revalorización de elementos culturales, que incluyen caminos, senderos, veredas y cañadas, pero no todos se hacen de forma adecuada. La ruta que traigo hoy aquí es un ejemplo paradigmático.

A pesar de que, desde que se propuso una senda a orillas del río Tea y de uno de sus afluentes, el río Aboal, grupos ecologistas locales alertaron acerca del derroche que supondría colocar pasarelas de madera, puentes y demás parafernalia muy cercana a un cauce que, con las fuertes lluvias, tiende a desbordarse, a pesar de que se incidió en que supondría un desembolso de dinero absurdo porque la fuerza del río lo destrozaría, a pesar de que se propuso una forma más respetuosa y duradera de realizar una senda caminable, el proyecto siguió adelante y supuso talar árboles, utilizar gran cantidad de madera, grava e incluso demento que, desde un primer momento, dada la humedad, hubo que cubrir con mallas metálicas para evitar resbalones y que implicó modificar las características físicas en gran parte del recorrido. Y con las sucesivas riadas, como ya se había alertado, la mayor parte de la infraestructura acabó levantada, arrastrada por el río, llevándose consigo árboles y flora de ribera, generando una erosión del terreno por haber eliminado árboles y sus potentes raíces y dejando gran parte de la senda con un aspecto ruinoso y descuidado, que es el que presenta en la actualidad.

Aún así, a pesar de que hay que ir pendiente del suelo, los varios kilómetros que cubre esta senda permiten observar gran parte del recorrido del río Tea por varias parroquias y municipios y proporciona una variedad de estampas de ensueño, de lugares mágicos y naturales donde el único ruido es el rumor de las aguas y las aves y demás fauna del lugar.

Si alguna vez se acercasen a esta esquina del país, les recomiendo que guarden al menos un día para recorrer toda o parte de esta ruta, sobre todo en verano, disfrutando de las maravillosas aguas cristalinas de este río. Lo más aconsejable sería intentar encontrar algún tipo de alojamiento en la zona ya que, aunque existe la posibilidad de acercarse en autobús desde Vigo, los últimos servicios, sobre todo de vuelta a la ciudad, son a primera hora de la tarde.

Apuntado queda, como recomendación. A veces es mejor no contarlo todo, para dejar algo de espacio a la sorpresa.

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